Ganar la batalla del coste por baja
La amenaza que suponen los vehículos aéreos no tripulados (UAV) ha pasado de ser una cuestión marginal a convertirse en un reto de gran envergadura para las fuerzas armadas de todo el mundo. Esto resulta especialmente evidente en Ucrania, donde se utilizan de manera eficaz drones de bajo coste contra infraestructuras, unidades mecanizadas y soldados.
El conflicto pone de manifiesto no solo la magnitud de la amenaza, sino también la urgente necesidad de adoptar medidas de respuesta eficaces y rentables. En el fondo, se trata de una lucha económica: La OTAN no puede permitirse derribar drones baratos utilizando principalmente misiles caros o sistemas complejos. La cuestión decisiva no es solo la eficacia técnica, sino también la relación coste-beneficio sostenible a gran escala.
Los Sistemas de Defensa Aérea Terrestre (GBAD) se basan en tres elementos fundamentales:
- sensores: los ojos de la operación,
- sistemas de mando y control (C2): el cerebro,
- y efectores: los medios para neutralizar las amenazas.
Los sensores avanzados, como el Giraffe 1X de Saab, líder mundial en su campo, ya permiten detectar y clasificar con precisión objetivos muy pequeños. En función del tipo de objetivo, la distancia y las condiciones ambientales, el radar puede detectar objetos con una sección transversal de radar inferior a 0,01 metros cuadrados. Sin embargo, los sensores, cada vez más sensibles, también generan enormes cantidades de datos que deben analizarse en tiempo real.
Los sistemas C2 modernos, respaldados por una potencia de procesamiento cada vez mayor y, cada vez más, por la inteligencia artificial, pueden procesar estos datos en fracciones de segundo. Sin embargo, en el campo de batalla actual, saturado de drones, la eficacia de los sistemas de lucha contra aeronaves no tripuladas (C-UAS) depende menos de un único sistema de mando y más de un ecosistema resiliente y conectado en red.
Este enfoque en red integra sensores, sistemas de disparo, guerra electrónica y colaboración entre personas y máquinas, con información rápida desde el frente. La red debe ser capaz de soportar la degradación, integrar rápidamente nuevos sensores y efectores, y permitir la ejecución descentralizada. El bando que sea capaz de detectar, clasificar, priorizar y actuar con mayor rapidez —sin dejar de mantener una relación de costes favorable— tendrá ventaja. La percepción de la situación resultante permite tomar decisiones con rapidez y facilita la selección del efector más adecuado.
«Soft kill» frente a «hard kill»
La elección entre «soft kill» y «hard kill» es, en el fondo, una decisión económica: ataques electrónicos siempre que sea posible; armas de fuego y equipos de fuego móviles cuando resulte adecuado; drones interceptores de bajo coste para amenazas masivas; y misiles de alta gama reservados para los objetivos más exigentes. La clave para que la arquitectura C-UAS sea sostenible a gran escala radica en asignar el efector adecuado a la amenaza adecuada, con el coste adecuado. Esta lógica se aplica tanto si los sistemas están destinados a proteger infraestructuras civiles en tiempos de paz como a proteger a las tropas en el frente a enjambres de drones, y es válida tanto si se basan en componentes de grado militar (MOTS) como en componentes comerciales (COTS).
La experiencia de Ucrania demuestra que los sistemas C-UAS se están convirtiendo en una contienda económica de desgaste. Mientras que un dron puede costar apenas unos pocos cientos de euros, los sistemas defensivos avanzados pueden costar millones y suelen tener largos plazos de producción.
Para hacer frente a este reto, Saab está desarrollando «Nimbrix», un misil de bajo coste del tipo «dispara y olvida» diseñado específicamente para operaciones de lucha contra drones. Con un alcance de entre 2 y 4 kilómetros, el misil utiliza un buscador activo y una ojiva de explosión aérea capaz de neutralizar enjambres de drones. El sistema está diseñado tanto para funcionar de forma independiente como para integrarse en arquitecturas de defensa aérea más amplias.
El Nimbrix es un misil de bajo coste y del tipo «disparar y olvidar», diseñado para un entorno de amenazas cada vez más marcado por la proliferación de UAS.
Innovación a toda velocidad: el ritmo lo marca Ucrania
La guerra con drones está evolucionando a una velocidad excepcional, pero el ritmo en Ucrania va más allá de una mera aceleración. Ucrania no está operando con una versión más rápida del ciclo tradicional; está operando bajo una versión fundamentalmente diferente. La información procedente del frente, la tecnología civil, las empresas emergentes y la creación rápida de prototipos se condensan en semanas o incluso días, mientras que las tácticas ofensivas con drones y las capacidades de ISR cambian significativamente cada tres o cuatro meses.
Para la OTAN, esto supone un reto directo: un proceso de adquisición convencional tendrá dificultades para seguir el ritmo de un entorno de amenazas en el que tanto los drones como los sistemas antidrones se actualizan continuamente. Por lo tanto, los sistemas C-UAS deben considerarse una capacidad adaptativa —basada en mecanismos de integración, pruebas, puesta en servicio y sustitución continuas— y no un programa fijo con un objetivo final definido.
Para mantenerse al día con esta evolución, Saab se basa en un ciclo continuo de retroalimentación operativa entre los usuarios, los sistemas implantados, los equipos de ingeniería y los socios industriales. Las lecciones aprendidas en los ejercicios, el uso operativo y los entornos de conflicto en los que se emplean los productos de Saab se recogen y se incorporan rápidamente al desarrollo de los sistemas, las actualizaciones de software, las labores de integración y la adaptación táctica. Esta capacidad para acortar el ciclo entre la experiencia en el campo de batalla y la respuesta industrial está cobrando tanta importancia como la propia tecnología.
Un ejemplo destacado es el concepto «Loke», desarrollado gracias a la colaboración entre la Fuerza Aérea sueca, la Administración Sueca de Material de Defensa (FMV), Saab y otros socios. En tan solo 84 días se desarrolló y se puso en marcha una solución C-UAS móvil y adaptable para unidades de combate.
El sistema modular abarca toda la cadena de destrucción y combina el radar Giraffe 1X, de probada eficacia, con una solución de mando y control (C2) ligera basada en SHORAD. Algunos efectores, como una pequeña ametralladora montada en una estación de armas remota Trackfire, completan el concepto. Estos sistemas pueden funcionar en plataformas terrestres o en buques de guerra, como la Combat Boat 90 de Saab, y ya se han desplegado y han demostrado su eficacia en una misión real de la OTAN en la base aérea de Malbork, en Polonia, entre abril y septiembre de 2025.
En lugar de seguir los ciclos de desarrollo tradicionales de varios años, este concepto se basaba en la reutilización de sistemas existentes y en la integración rápida de nuevas funciones y tecnologías —el resultado natural del papel de Saab como integrador de sistemas, más que como proveedor de plataformas—, aprovechando una arquitectura abierta e independiente de la tecnología que da prioridad a la integración frente a la reinvención. El resultado es una solución escalable y adaptable que puede evolucionar al ritmo de las nuevas amenazas. El sistema Loke también puede seguir funcionando mientras se desplaza, lo que garantiza una protección continua durante el traslado.
No existe ningún sistema perfecto
Saab ya es líder en efectores de neutralización directa para drones de gran tamaño y amenazas aéreas, como aviones y helicópteros, con sistemas como el RBS 70 NG, guiado por láser con intervención humana y, por tanto, imposible de interferir. Como parte de un concepto más amplio de «sistema de sistemas», el RBS 70 NG integra tanto misiles como capacidades de vigilancia en una misma plataforma, lo que permite que varios efectores diferentes operen conjuntamente en una arquitectura unificada. Su configuración como unidad móvil y de disparo a distancia también la convierte en un componente clave del sistema MSHORAD (defensa aérea móvil de corto alcance), lo que proporciona una ventaja táctica significativa gracias a su rápido despliegue y a su flexibilidad de posicionamiento.
Al mismo tiempo, las soluciones de «soft-kill», como las interferencias, las redes y los «drones cazadores», están cobrando cada vez más importancia. En colaboración con empresas emergentes y socios del sector, Saab sigue investigando nuevas tecnologías para hacer frente a las amenazas actuales y futuras. En todo caso, no existe una «solución mágica» única.
La guerra moderna con drones requiere conceptos de defensa en varias capas, basados en distintos sistemas adaptados a las amenazas regionales y a los requisitos operativos. La lógica de costes por niveles debe integrarse en estas arquitecturas desde el principio: la capacidad adecuada, al coste adecuado, frente a la amenaza adecuada. Cada vez se apuesta más por una colaboración estrecha dentro de la OTAN, aunque las prioridades nacionales en materia de seguridad siguen predominando en muchas estrategias de defensa.
En definitiva, la lección principal que nos deja Ucrania es clara: Los sistemas C-UAS no son solo un problema técnico de defensa. Se trata de una carrera por la adaptación en el ámbito de las redes, la economía y las instituciones. El principal reto ya no es solo la tecnología, sino la rapidez: la rapidez en la innovación, la integración, la interoperabilidad, la formación y la adaptación táctica. No existe una respuesta universal a la guerra con drones, pero existe una necesidad urgente de desplegar ya capacidades C-UAS eficaces y escalables.
Saab en España
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